Hoy me aburría como una ostra en la oficina, claro que he de decir, que estoy en la etapa más “punkie de mi existencia laboral”, he ido a trabajar con la chaqueta del pijama, que es gris y quedaba como “glamurosa”, y eso claro debe estar afectando a mi “desempeño y mi carrera”, eso junto con el tatuaje, la cara de boba, y el déjame estar que me invade los días de primavera, especialmente si son lunes y ha habido cambio horario.
Total, que además de devorar todo tipo de bizcochos, galletas, magdalenas, cebolla frita de perritos calientes, sandwiches de arenque y plátanos debido al aburrimiento, me ha dado por pensar en si las ostras son o no seres unicelulares, y por qué se aburren.
Yo estoy segura que hubo un tiempo, más o menos por el pleistoceno donde las ostras se lo pasaban de “puta madre”, todo el día de fiesta fuera de la concha, moviendo las valvas a ritmo de rock&roll. Ahora sin embargo las ostras en este nuevo orden mundial han sido condenadas dentro de su concha, y aunque suelten perlas por la valva, se las comen los ejecutivos snobs en restaurantes con aspiraciones de modernidad pensando que así tendrán una noche de sexo extraordinario pese a ser unos mediocres... (¡ya me parafraseo otra vez!)
En fin, que condenado al ostracismo, lo mejor que tiene el dichoso molusco, es que da nombre a la postura 28 del Kamasutra, y a la Oyster Band que dice algo así como que no te desanimes (en traducción libre)…algo es algo.