Hace algunos años que me aficioné a las redes sociales. Era la época en que me alimentaba de pan de cereales, cervezas, coqueteaba con la anorexia, las drogas legales e ilegales, y Jim Morrison me cantaba al oído The Crystal Ship, mientras yo me hacía trampas al solitario.
Me he quitado de todo o casi todo, menos de las trampas dada mi naturaleza de tía confiada y buena persona.
A lo largo de estos años he aprendido algo. Lo más reciente es que no es aconsejable compartir intimidad en el más amplio sentido de la palabra, física y emocional, con gente que no hayas conocido en la barra de un bar, y que a partir de las doce la noche, como dice Elvira Lindo, no debes comunicarte ni con tu primo, porque la gente se calienta, y además de enseñarte los genitales (esto lo digo yo), acaba antes o después mostrando aquello que a la luz del sol se esconde.
Para ilustrar esto, y como yo cuando escribo soy un poco burra y estamos en horario infantil, mejor os reproduzco unos párrafos de la Sra. Lindo que escribe con una destreza que pasma, que muchos debieran envidiar, y que me vienen al pelo.
(Refiriéndose a los mensajes de SMS, WhatsApp, y Facebook)
Y en esos mensajes hay frases tan apasionadas que parecen extraídas de un bolero. Son frases que antes en España no se decían pero que, ahora, gracias a la revitalización del género epistolar propiciado por las nuevas tecnologías, están en auge.
Esas personas me dicen que me adoran. Que me adoran y que cuentan los días para verme. Que cuentan los días y que me quieren. Que me quieren y que nos va a faltar tiempo en una cena para contarme todo lo que me tienen que contar. Que nos va a faltar tiempo y que están deseando conocer mi opinión. Que desean conocer mi opinión y que nadie como yo para compartir este y otro secreto. ¿Y por qué? Porque soy adorable. Eso me dicen. El mundo de la tecnología ha bolerizado el género epistolar. Ha generalizado el lenguaje de las postales románticas y ahora lo que toca es escribirse con palabras de novios antiguos de los años cuarenta.
Y, aunque yo soy de esa generación en la que si tus padres te decían "te quiero" es porque o se iban a morir ellos o te ibas a morir tú, tengo el corazón débil y, cuando una persona me pide una cita con palabras tan melosas, soy incapaz de no creerme un poco la pasión que sienten hacia mí (…)
Y yo además de esa incapacidad que comparto con la Lindo, soy igualmente incapaz de creer, que en vivo y en directo, o por la pantalla de cualquier gadget, haya necesidad de escribir nada que a priori sabes que acabará en un no eres tú, soy yo.
No obstante, para vuestra tranquilidad, hoy se publica una noticia, donde Zuckerberg dice que el futuro es que pensarás algo, y tus amigos lo podrán experimentar al instante.
Está convencido de que nos comunicaremos de cerebro a cerebro,……….de ser así, la tecnología esta vez nos ahorrará embarazosas situaciones, ya que aunque te inunden la pantalla de baboseantes y felices emoticonos, sabrás que en el fondo su cerebro sólo quiere comunicarse con tu enterpierma.