domingo, 8 de marzo de 2015

El día de la mujer trabajadora




Me llama mi santa madre a felicitarme el día de la mujer trabajadora y me pregunta que qué hago, yo le contesto con un irónico “las tareas propias de mi sexo y condición”, y decido escribir algo sobre este día que no me gusta porque todos los días deberían ser,sin tanta parafernalia, el día de la mujer trabajadora.

La primera imagen que me viene a la cabeza es la mi abuela, esa mujer que yo conocí menuda, con el pelo blanco y los labios siempre pintados de carmín rojo a pesar de todo, que “servía” cuando era joven. Pienso en mi madre que viuda a los 42 trabajó dentro y fuera de casa para criar a tres hijos. Pienso en las mujeres de mi familia que han cuidado años de sus hombres enfermos de crueles enfermedades como el Alzheimer. Pienso que reivindicar lo que uno es no significa denostar lo que es el otro, reivindicar nuestro género no significa echar pestes del masculino (aunque en ocasiones lo haga).Pienso en que necesariamente tendremos que incluir nuevos términos en nuestro lenguaje cotidiano como la cooperación, la colaboración, y la co-responsabilidad porque sin ellos nunca alcanzaremos la verdadera libertad e igualdad de géneros.

A mí no me gusta un hombre que dice que me ayuda porque eso me coloca en un escalón inferior, me gusta un hombre co-responsable que asume que el cuidado de los hijos, las tareas domésticas, o la participación en la vida pública y privada son igualitarias, y no de cuotas.

Y parte del cambio viene en cómo educamos a nuestras hijas e hijos en esa nueva concepción de lo “co”, que no sólo afecta a las relaciones de género, sino a la economía, la política, la solidaridad, y el entendimiento de una vida mejor basada en ese prefijo latino que en una de sus más bonitas acepciones significa agregar.

Cuando mi hija era pequeña, más pequeña, y la bauticé (a pesar de ser yo reatea y una sindiós, eso sí, con un cura negro), le escribí unas palabras, le deseaba que fuera inspirada por la “chispa divina”, la del universo, y no la de ningún dios, para que viajara en la vida con profundidad y audacia, para que fuera una mujer alegre, amorosa, entregada, firme, comprometida con su tiempo, que mirara de frente siempre con lucidez y honestidad. “Espero que siempre tengas valor, fortaleza interior, esperanza y confianza, espero Martina que siempre vayas acompañada en tu viaje interior” le decía.

No quiero que mi hija aprenda como yo lo hice a agradar, quiero impulsarla a ser alguien de una forma innegociable. No se trata de que sea la mujer sentada en el centro del universo, sino de que busque ser parte de él de forma digna, no por su pertenencia a un sexo, raza, religión…. sino por su pertenencia al universo en sí mismo, donde todos somos iguales, porque como decía Platón no conozco un camino seguro para el triunfo,pero sí un camino para el fracaso seguro, el querer complacer a todo el mundo.

Y aunque el entorno como mujeres nos sigue siendo hostil, hay que elevar los pies del suelo para que no nos contamine, y reivindicar lo que uno es, pero por favor que no sea sólo el 8 de marzo.

domingo, 1 de marzo de 2015

Por mí puedes verlo del color que te dé la gana

Yo debería estar así como de domingo relajado, escuchando mi musiquita y cocinando mis ricas patatas con atún, que me salen de rechupete, que hace un día espléndido y el solazo entra por mi balcón con esa luz que sólo tiene el cielo de Madrit,  pero empiezo a leer la prensa, el Facebook, los blogs y me entra una mala ostia que parezco el extraterrestre del chiste cuando se pone el tricornio.
La cosa es que ayer el whatsapp dio mucho por el orto, hay que reconocerlo, con la cosa del vestido de marras, que se veía de múltiples colores, hasta yo le presté un poco de atención en un momento del día y lo comenté con un amigo fotógrafo que me dio no sé qué explicación profesional de que sí ponía un colorímetro, de que si no se qué….,  y me amplió la foto hasta el pixel inifito para que viera los magentas , los ocres, los blancos y los azules del vestido.   

Pero bueno esto me viene a la cabeza porque a raíz del último viral mundial  hay mucho opinólogo en las redes (en su variante de chismólogo, o aquél que opina de todo a lo Clint Eastwood que ya sabéis que dijo que las opiniones son como los culos, cada uno tiene el suyo), que se ha dedicado a escribir sobre la estupidez humana, calificándonos de gilipollas e incluso invitándonos en algún caso a suicidarnos.

Yo he tenido, y tengo muchos momentos, como todos,  en que mi confianza en la humanidad es poca, muy poca, y creo que somos naturalmente estúpidos además de muchas otras cosas,pero la edad y las canas me atemperan.

Hay un librito que me gusta mucho y releo de vez en cuando de Pino Aprile que se llama Elogio del Imbécil, en sus primeras páginas dice que la inteligencia es una característica obsoleta y condenada a extinguirse porque ya no la necesitamos para la evolución. Cuenta que una amiga suya que era muy lista dejó de serlo el día que le crecieron las tetas de más, y perdió la concentración. Por lo visto las esclavitudes del cuerpo,  y las propias organizaciones   se esfuerzan por hundir la inteligencia y reducir el pensamiento.

En fin, que partiendo de esa base la imbecilidad o la estupidez es un realidad, pero hay otra realidad más aterradora que quedarse con cara de boba pensando a que huelen las nubes o de qué color es el vestido, y es opinar de la estupidez ajena con esa soberbia que algunos tenemos (en su más negativa acepción), que como la estupidez, es mucha, muy mucha.

Pero ayer el universo me dio unos segundos de reconciliación con la naturaleza humana, porque así es, el palo y la zanahoria, cuando escuché las declaraciones del candidato solicialista a  la Presidencia de la Comunidad de Madrid, Ángel Gabilondo, que se negó a valorar al candidato de IU, Luis García Montero. Dijo de él que era una persona  "sensata y comprometida", y que seguramente a él le llamarán "insensato" por ese comentario pero ha advertido que en esta campaña no va a "descalificar a nadie, ni entrar en "esgrimir argumentos personales contra nadie", y tal vez cada uno vea el vestido de un color diferente, o incluso alguno ni vea el vestido.

En su blog El Salto del Ángel, Gabilondo escribe: “Ni el saber ni el pensar son, por tanto,
 exclusivos de ningún ser humano, ni es cosa de apropiárselos. Nadie puede pensar en nuestro lugar, ni decir nuestra propia palabra, ni vivir nuestra vida. Ello no impide que haya numerosos intentos por tratar de usurpar las de los demás. No es simplemente una cuestión defensiva, es un gesto de autonomía y de emancipación, una verdadera libertad.”

Y añado yo en mi browniano pensamiento,  sin mucha relación seguramente,  que nadie desde su opinión tienen que invitarme a resolver mi estupidez con la extinción, que eso es una cuestión como dice el filósofo de libertad.

La verdadera inteligencia debería estar ajena, en mi poco fundamentada opinión como digo siempre, a la soberbia y al resto de pecados capitales (para los que creáis) o a lo que dice el Derecho Natural(para los más sindiós),  así que opinólogos del mundo no os invitaré
a que hagáis nada con vuestras vidas, intentaré no valorar, y respetar vuestra libertad de expresaros, pero yo al menos voy a seguir viviendo mi estupidez al estilo libre,
con vestido que cambia de colores o en pelotas como esta bonita ilustración de Sara Fratini.

Firmado otra opinóloga de mierda.