Hay fechas del año que detesto, una es la Navidad que ya se sabe, y la otra es el verano porque todo el mundo desaparece, y a los que se quedan en la ciudad, entre los que me incluyo les ocurren alteraciones dignas de ser estudiadas, aunque las mías las podríamos atribuir a otro estado que no es el estival y del que es mejor ni hablar.
Una de las mayores pruebas de alteraciones psicosomáticas es la elección del vestuario. La prueba más evidente es mi vecino que pasa aquí el período estival, y cuando llega Junio desempolva las bermudas de colores, las camisas floreadas y las “flipflop”, además de sacar a la terraza la barbacoa, la hamaca, la sombrilla, y deleitarme vestido de esa guisa mientas pone aceite de teca a la sillas.
Y digo yo, ¿qué extraña perturbación introduce el verano en nuestra actividad hormonal, para que perdamos el sentido de la estética y la dignidad y nos convirtamos en horteras de chiringuito?
Debe ser el calor, que además de un tormento, afecta a la actividad cerebral pues nos impide dormir, hace que se nos peguen las sábanas, y que los mosquitos nos piquen sin piedad.
Sea lo que sea detesto el verano, que no las vacaciones, detesto esta sensación de que no hay nadie por aquí, por favor volved todos aunque sea con las chanclas, os echo de menos.
5 comentarios:
Ay, sister, pues todavía queda por venir el mes más infernal en todos los sentidos... Y no es por desanimarte!! ;-) Paciencita, tronqui
Pues no sé si aguantaré, porque entre el verano, tus cuentos y mi revolución curvilínea me pongo de una mala leche que pa'qué.....
jajajajaja.... el próximo cuento, pa ti. Palabrita
Hola. Soy tu vecino. Sí, el de las bermudas de flores y el aceite de teka. ¿Tenías algo más que comentarme?
Bueno, nos vemos por el balcón. O si lo prefieres, me lo cuentas en un viaje de ascensor.
Saludos
Querido vecino, aprovecho esta oportunidad para decirte que también me disgusta el volumen de tu "cumbia" y el papel "vitrificado" que has puesto tapando la cristalera... La vecinita de la puerta de al lado.
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