Yo debería estar así como de domingo relajado, escuchando mi musiquita y cocinando mis ricas patatas con atún, que me salen de rechupete, que hace un día espléndido y el solazo entra por mi balcón con esa luz que sólo tiene el cielo de Madrit, pero empiezo a leer la prensa, el Facebook, los blogs y me entra una mala ostia que parezco el extraterrestre del chiste cuando se pone el tricornio.
La cosa es que ayer el whatsapp dio mucho por el orto, hay que reconocerlo, con la cosa del vestido de marras, que se veía de múltiples colores, hasta yo le presté un poco de atención en un momento del día y lo comenté con un amigo fotógrafo que me dio no sé qué explicación profesional de que sí ponía un colorímetro, de que si no se qué…., y me amplió la foto hasta el pixel inifito para que viera los magentas , los ocres, los blancos y los azules del vestido.
Pero bueno esto me viene a la cabeza porque a raíz del último viral mundial hay mucho opinólogo en las redes (en su variante de chismólogo, o aquél que opina de todo a lo Clint Eastwood que ya sabéis que dijo que las opiniones son como los culos, cada uno tiene el suyo), que se ha dedicado a escribir sobre la estupidez humana, calificándonos de gilipollas e incluso invitándonos en algún caso a suicidarnos.
Yo he tenido, y tengo muchos momentos, como todos, en que mi confianza en la humanidad es poca, muy poca, y creo que somos naturalmente estúpidos además de muchas otras cosas,pero la edad y las canas me atemperan.
Hay un librito que me gusta mucho y releo de vez en cuando de Pino Aprile que se llama Elogio del Imbécil, en sus primeras páginas dice que la inteligencia es una característica obsoleta y condenada a extinguirse porque ya no la necesitamos para la evolución. Cuenta que una amiga suya que era muy lista dejó de serlo el día que le crecieron las tetas de más, y perdió la concentración. Por lo visto las esclavitudes del cuerpo, y las propias organizaciones se esfuerzan por hundir la inteligencia y reducir el pensamiento.
En fin, que partiendo de esa base la imbecilidad o la estupidez es un realidad, pero hay otra realidad más aterradora que quedarse con cara de boba pensando a que huelen las nubes o de qué color es el vestido, y es opinar de la estupidez ajena con esa soberbia que algunos tenemos (en su más negativa acepción), que como la estupidez, es mucha, muy mucha.
Pero ayer el universo me dio unos segundos de reconciliación con la naturaleza humana, porque así es, el palo y la zanahoria, cuando escuché las declaraciones del candidato solicialista a la Presidencia de la Comunidad de Madrid, Ángel Gabilondo, que se negó a valorar al candidato de IU, Luis García Montero. Dijo de él que era una persona "sensata y comprometida", y que seguramente a él le llamarán "insensato" por ese comentario pero ha advertido que en esta campaña no va a "descalificar a nadie, ni entrar en "esgrimir argumentos personales contra nadie", y tal vez cada uno vea el vestido de un color diferente, o incluso alguno ni vea el vestido.
En su blog El Salto del Ángel, Gabilondo escribe: “Ni el saber ni el pensar son, por tanto,
exclusivos de ningún ser humano, ni es cosa de apropiárselos. Nadie puede pensar en nuestro lugar, ni decir nuestra propia palabra, ni vivir nuestra vida. Ello no impide que haya numerosos intentos por tratar de usurpar las de los demás. No es simplemente una cuestión defensiva, es un gesto de autonomía y de emancipación, una verdadera libertad.”
Y añado yo en mi browniano pensamiento, sin mucha relación seguramente, que nadie desde su opinión tienen que invitarme a resolver mi estupidez con la extinción, que eso es una cuestión como dice el filósofo de libertad.
La verdadera inteligencia debería estar ajena, en mi poco fundamentada opinión como digo siempre, a la soberbia y al resto de pecados capitales (para los que creáis) o a lo que dice el Derecho Natural(para los más sindiós), así que opinólogos del mundo no os invitaré
a que hagáis nada con vuestras vidas, intentaré no valorar, y respetar vuestra libertad de expresaros, pero yo al menos voy a seguir viviendo mi estupidez al estilo libre,
con vestido que cambia de colores o en pelotas como esta bonita ilustración de Sara Fratini.
Firmado otra opinóloga de
mierda.

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