
El viernes salí pitando de la oficina, desconecté el móvil y entré en el Paraíso de las mujeres desesperadas…la peluquería…, que como dice mi amigo el Hombremaratón estoy otra vez “estorbada de mí misma”.
Me lo hice todo, la manicura con parafina, la pedicura, me pinté las uñas de rojo “fresón” (por no decir putón), me depilé, me teñí las canas, me corté las puntas, me puse varias mascarillas hidratantes, y me corté el flequillo, sí me corté el flequillo. Creo que la última vez que lo hice llevaba vestidos con nido de abeja en la pechera, y estaban de moda Los Angeles de Charlie en versión original, casí nada. Incluso en un momento el peluquero armado con la plancha de porcelana alisadora en una mano, y una especie de cepillo que soltaba líquido en la otra, unido a una bomba que colgaba de su espalda a los Blockbuster me rodeó como si estuviéramos en la NASA de la estética.
En fin que la cosa es que me corté el flequillo porque me dio la gana, sí me dio la gana y lo hice, como casi todo lo que hago, porque me salió de ahí, y a mí no me gusta dar explicaciones ni que me cuestionen mis decisiones que yo no voy por ahí cuestionando las de nadie, y esto lo digo porque hoy la frase del día en la oficina ha sido “te cortaste el flequillo”, y he tenido seguidores y detractores, y a la ene elevada a pí, he bufado “sí me corté el flequillo, y me he hecho la depilación brasileña por si no te habías dado cuenta”, y es que claro la opinión es como los culos, cada uno tiene el suyo (Clint Eastwood dixit).
Y al hilo de culos recordar las palabras de Luis Alberto de Cuenca: “Si la cara es el espejo del alma, el culo lo es del cuerpo…... Si los bulbos carnosos que asoman donde terminan nuestra espalda se encuentran bien, el resto se adapta sin problemas a la sensación de felicidad que proporciona un culo comme il faut”, y a vosotras envidiosas sin flequillo lo que os jode es la falta de atrevimiento que proporciona un culo caído…. Sin acritud.
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