Hoy volví a levantarme en modo frívolo, como en aquél mes de mayo del pasado año… ¡Qué recuerdos!, así que me calcé el tacón de 12 centímetros, mi vestido nuevo de seda de esa marca española que tanto me gusta porque es barata y con estilo, el bolso de Vietnam que me regaló mi Madre La Sabia, me pinté el ojo, y me marché a la oficina entre los silbidos de los repartidadores de agua que decían “¡ssssssssssssssssssa rubia guapa!”, y no es que yo sea un bellezón, pero quedo resultona.
Y es que a mí la primavera me pone de buen humor, sobre todo en días soleados cuando noto los rayitos del solete en el cogote, y me entran ganas de sonreir de forma babeante, y preguntarme cosas absurdas como ¿a qué huelen las nubes?....
Los chinos que tanto me gustan porque son multitud, sabios y hacen grandes falsificaciones, llaman a la primavera “primer movimiento”, y dicen que esa palabra coincide en su lengua milenaria con el elemento Madera que tiene influencia en la personalidad humana, pues es la capacidad de planificar la vida y tomar las propias deciciones, controlar el destino, y saber hacia donde se camina.
Yo sigo sin tenerlo claro, pero como soy muy voluntariosa sigo recto cada día sorteando todo tipo de nubarrones de lluvia cargados de rayos y relámpagos, estampándome de cuando en cuando aunque afortunadamente ya no lo hago contra las barras de los bares, que además de ser doloroso, resulta caro, patético y deja resaca.
En fin que no se a qué viene esto hoy, que es un sinsentido más de mi existencia, pero he decidido que a mí esta primavera no me la estropea nadie, que es tiempo de recortar las faldas y alargar los escotes,……………. ni siquiera Yuri cantando a la primavera.
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