Mateo, el de la Biblia, dijo que “bienaventurados los mansos porque ellos herederán la tierra”.
Esto se me vino a la cabeza esta mañana porque se me ocurrió la palabra manso mientras caminaba por el paseo de la playa a la oficina, y es que a mí de repente se me vienen palabras e ideas a la cabeza como si hiciera crucigramas mentales. Por eso rápidamenteme corrí a ilustrarme, usé el comodín de la llamada, y mi Madre La Sabia, que de cosas de iglesia sabe mucho y eso que no es nada beata, me recitó todas las buenaventuranzas de memoria.
En fin que pensaba yo, que pese a las enseñanzas bíblicas, a mí no sé por qué los mansos no me gustan, ni siquiera la palabra en sí, que yo prefiero las patatas bravas, el torito bravo del desaparecido El Fary, o mi océano bravo que el mediterráneo además de manso es un caldo.
Y buscando en el refranero popular, ilustrada esta vez por el Hombremaraton, encontré una aseveración que me gusta más: “ Librame señor del buey manso, que del bravo ya me encargo yo”, y esto me parece más aplicable a mi día a día. Además dice la RAE, otra gran fuente de sabiduria, que las palabras mansas son aquellas que se dicen con segundas intenciones, y de eso prefiero huir.
En conclusión, que no se a cuento de qué viene esto, pero ahí queda una reflexión más, esta vez de la mansedumbre, esa que mal entendida y a mi juicio inspira muchos de los males diarios, esa mansedumbre del que no se rebela y todo lo tolera, del que no protesta, ni dice que no, del que se doblega y consiente, y si no lean los periódicos y las páginas de internacional y encontraran muchos y mejores ejemplos de los que yo pueda dar.
Y para alejar estos pensamientos, hoy dejo una canción de amor del siempre inolvidable Jim Morrison que se llama Wintertime love, aunque el amor este invierno se haya terminado.
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