lunes, 13 de abril de 2009

Dios, si existes, no dejes que me levante a esas horas

Hoy me levanté algo más que temprano, el reloj rozaría las cinco, me preparé un café y me puse a danzar por la casa (expresión no literal que a esa hora no se molesta al vecino). Fumándome un cigarrito me puse a leer la prensa matutina, y encontré en el oráculo un artículo cuyo titular dice “Voy al paro pero secuestro al jefe”.
La cosa es que se ha puesto de moda en algunas empresas en crisis en Francia tomar como rehenes a los directivos para negociar despidos, ERE’s y demás conflictos laborales, así que ensimismada empecé a fantasear con esa posibilidad, incluso mentalmente escribí un diario de la vida de un jefe (uno cualquiera, no tiene por qué ser el mío), secuestrado en una pecera, alejado de la tarjeta de empresa, el renting y la Blackberry que al final acaba con síndrome de Estocolmo… Día 15- rezaba mi diario-, “se ha atado la corbata en la frente, y estudia de memoria el Convenio Colectivo, si veo que mañana reacciona le dejo hacer tres llamadas con el móvil de empresa”… “ Día 16 me pide permiso para salir media hora antes, tiene que recoger a los churumbeles de la guardería, ya ha aprendido el capítulo de la jornada flexible, cuando se aprenda el de permisos y licencias me lo planteo”….
De repente, decidí que ese pensamiento no me iba a llevar a ninguna parte, así que me dio por teorizar sobre el respeto que no sé por qué extraño vericueto se me vino a la cabeza.

Dice la RAE que respeto es consideración y/o deferencia, pero cuando habla del respeto humano lo define como miramiento excesivo hacia la opinion de los hombres, antepuesto a los dictados de la moral estricta.

La moral digo yo que será también como los culos (Clint Eastwood dixit “again”), que cada uno tendrá la suya, luego ¿por que respetar el concepto del respeto del ajeno si la moral propia dice lo contrario?, ¿no prevalece acaso la moral por encima de cualquier otra cosa? (eso me suena algo del lejano Derecho Natural).

Sea como sea para mí respetar no significa dejar que los demás hagan lo que les da la gana, respeto no es pasarse por el arco del triunfo la moral ajena, y es entonces cuando tal vez algunas acciones tomadas en el marco de cualquier relación social estén justificadas… En fin, que menudo día que he tenido a cuenta de esto, no vuelvo a levantarme a esta hora, que no ha dejado de sonarme Aretha Franklin en la cabeza…

1 comentario:

Anónimo dijo...

Bueno, bueno, bueno... Me ha encantado! Yu ar e crack ;-)