Hace un
calor impropio del buen gusto, tengo resaca y el whatsapp más silencioso que la
última sesión del senado donde faltaron 212 de los 260 senadores. Por no tener
no tengo ni un mensaje de mi santa madre.
Ya hace casi
un mes que llegó el verano, momento en
que oficialmente las faldas se acortaron, los escotes se alargaron, las noches
se convirtieron en interminables, y alguna canción tendrá que traernos algo de la
alegría necesaria para hacer que “este nuestro verano sea otra vez inolvidable
como siempre”.
A mí las noches de verano me suelen
traer dos cosas que normalmente no vienen juntas. Una es resaca, suele
presentarse con más frecuencia, y otro algún amor de verano, corto e intenso,
que se irá con el calor.
Quería inspirarme hoy, y escribir algo serio sobre lo bonitos que son
los amores de verano, los mágicos recuerdos y sensaciones que nos dejan, pero
navegando por mis oráculos y por culpa de la acidez física y mental que tengo y
que no se me quita ni a pesar de las
bolitas chinas de ciruela que me recomendaron ayer, he encontrado una canción mucho más apropiada
y que recoge mejor que yo lo que son.
Me
estuve acordando de aquel verano, disfrutar de conocernos, cerveza caipiriña,
olvidarnos de todo y matarnos de la risa.
Sin compromiso, con beneficio, fuiste mi vicio, me sacaste de quicio, y tú bien sabes que me encanta recordarlo, como quisiera este verano repetirlo, sol, playa encima de la toalla, tomarnos unos
tragos, pasarnos de la raya. (Grupo paraguayo Los Verduleros).

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