Dice Serrat en la que para mi es su mejor canción, que de vez en cuando la vida nos besa en la boca, toma nuestro paso y saca un conejo de la vieja chistera reconvertido a veces en un cocinero argentino simpático, conquistador, hechizero, coqueto y con coleta que ya han pasado muchos meses, y entonces parece ser que te regala un sueño tan escurridizo que hay que andarlo de puntillas para no romper el hechizo… claro que en esa línea de pensamiento tan latina y deconstructiva también dice que a veces nos gasta una broma, y nos despertamos sin saber qué pasa chupando un palo sentados sobre una calabaza.
Eso es, digo yo, Cenicienta y su calabaza, a las doce ya sabes la carroza y los corceles se convierten en cucurbitáceas y ratones. ¡Mierda de cuentos sin final feliz!
Eso es, digo yo, Cenicienta y su calabaza, a las doce ya sabes la carroza y los corceles se convierten en cucurbitáceas y ratones. ¡Mierda de cuentos sin final feliz!
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