Los domingos si me levanto a las 7.30 es por alguna razón, ayer en concreto discutí con Jim Morrison, estoy un poco harta de que siempre cante Come on baby ligth my fire, así que salté de la cama rápido, me calcé las botas tejanas y me fui con Lowla, mi “jarli”, a ver amanecer y sacar algunas fotos antes de que los barcos de la regata de la ARC se fueran. Luego, no sé cómo ni por qué, llegué al cementerio haciendo ruido con mis escapes, compré dos gerveras de color naranja intenso, y caminé hasta el número 887, limpié el polvo del cristal, y coloqué mis dos bonitas flores naturales entre un puñado de lirios de plástico que me parecieron horribles pero no me atreví a quitar, pues alguien, no sé quién, los habría dejado allí con su mejor voluntad. Ahora todas juntas parecían otra cosa, incluso pensé que la imagen era bonita, así que saqué una foto de aquel fondo negro con mis gerveras brillantes.
Luego me senté, leí los nombres y las fechas de la pared, y hablé durante largo rato, no sé si con Dios, con Yoda o conmigo misma. Me fume un cigarrillo y me acordé de Machado, La muerte es algo que no debemos temer porque, mientras somos, la muerte no es y cuando la muerte es, nosotros no somos. Pensé que aún soy. Arranqué la moto y decidí aprovechar el domingo.
Luego me senté, leí los nombres y las fechas de la pared, y hablé durante largo rato, no sé si con Dios, con Yoda o conmigo misma. Me fume un cigarrillo y me acordé de Machado, La muerte es algo que no debemos temer porque, mientras somos, la muerte no es y cuando la muerte es, nosotros no somos. Pensé que aún soy. Arranqué la moto y decidí aprovechar el domingo.
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