sábado, 14 de febrero de 2015

San Valentín y los ángeles



Ayer le compré a mi hija un cojín ángel para que durmiera con él como regalo de San Valentín, ella me hizo una tarjeta de amor y yo volví a teorizar.

Una que fue madre añosa, y es ahora un poco demonio por vieja con su rabo y cuernos, bueno más cuernos que rabo, de repente se levanta con dos ángeles en la cama y afronta un día más la titánica tarea de educar.

Yo la imagino como un serafín cantarín, vale es ñoño, pero así es como yo la veo, bueno mejor sería un querubín rubio con dos pares de alas, y una luz así como de foto de catecismo y un don especial.


Sí, un don, y ahora estaréis pensando una vez más que estoy demasiado pagada de mí misma y creo que todo lo mío es especial, pero no, esta vez os equivocáis, porque se trata de un don con denominación de origen, es un ángel con alta sensibilidad, lo llaman PAS.

Antes sería la ausente, la distante, la soñadora, la “desinquieta”, pero ahora en este mundo de acrónimos es una PAS (persona de alta sensibilidad), cuya cercanía emocional con el mundo es tan intensa que es a veces inexplicable.


Mi ángel dice que tiene un demonio dentro, aún no le hemos puesto nombre pero estamos cerca, ya sabéis que hay que tener amigos hasta en el infierno aunque sea en el propio.


No le gustan las sorpresas, llora cuando hacemos algo especial. No le gusta cambiar, no quiere ni oír hablar de tener una nueva casa. Sufre los vaivenes, las ausencias, las despedidas y las separaciones como nadie, tanto que los lagrimones son incontrolables cuando Gary ayer abandonó a Bob Esponja.

A mi ángel le molesta la ropa, y el otro día libró una nueva batalla contra el universo cuando su abuela se iba de Madrid. Decidió que era mejor ir en camiseta interior (nada más!) a la T4 a pesar de los 6 grados, era su pequeña rebelión a la despedida, era su forma de decir lo mucho que la quería, y lo que le dolía la separación.

Le molestan las etiquetas, el ruido de la aspiradora, las manchas, la casa sucia, no es capaz de concentrarse si algo huele fuerte, ácido o mal, y puede y suele entrar en bucle preguntando mil millones de veces cualquier cosa que yo no puedo responder.

 
Pero tiene una sonrisa que ilumina, un mundo interior que te envuelve, y una mirada que casi casi podría llegar a ser la mía si no fuera porque yo, aunque algunos crean que hago ojitos, lo que tengo es la mirada perdida de los miopes corregidos que da un aire así como sexy e interesante.

Y es que como leí el otro día la existencia afina para los ojos de estas personas, una dimensión que pocos son capaces de ver.

Si hoy le cantara una canción de amor le diría que regresar a ella cada día es mi única misión. Una misión secreta que consiste en que un día sepa que su don era un talento, y nunca haya nada que reprochar (me) (se) (le), que a mí los reproches vitales me cuestan 83 euros a la semana…... y ahora guardadme el secreto de que escribo cartas de amor a los ángeles por San Valentín, creerían que estoy loca.

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