Hoy es lunes festivalero, y hay que salir ya de Port Weekend, para llegar a Port Trabajo, con mucho de eso por supuesto, que aunque mañana no es lunes, como si lo “seriese” que dice el otro.
El Long Port Weekend ha pasado como digo siempre sin pena ni gloria, desapercibido. Ayer me enfadé con Jim Morrison que deja los pantalones de cuero y las camisas de seda por donde le da la gana, y por mucho que él sea el Rey Lagarto y me cante, se confunde y piensa que en vez de ser su chica cósmica soy su chica doméstica, y la paciencia de las “groupies” también tiene límite.
El Long Port Weekend ha pasado como digo siempre sin pena ni gloria, desapercibido. Ayer me enfadé con Jim Morrison que deja los pantalones de cuero y las camisas de seda por donde le da la gana, y por mucho que él sea el Rey Lagarto y me cante, se confunde y piensa que en vez de ser su chica cósmica soy su chica doméstica, y la paciencia de las “groupies” también tiene límite.
De todas formas andamos un poco raros, digo yo que será que él está como siempre explorando los límites de la realidad, y yo ensimismada. Supongo que se nos pasará.
Lo cierto es que salvando esos pequeños aspectos cotidianos, este Port Weekend lo he dedicado a pensar, a pensar y a leer. Bueno he pensado los ratos que no leía, que yo cuando leo, me meto en el personaje y lo vivo, este fin de semana he sido la astuta, rara y audaz Lisbeth Salander, una mezcla de punky, con chica manga, motera tatuada de bar de medio pelo, e inteligente autista con síndrome de Asperger, y los minutitos que he dejado las más de 700 páginas y la mantita robada de un viaje transoceánico de lado, he sido yo misma, y siendo yo misma he concluído que ya vale de quejarse ,¡ coño que me canso yo hasta de mí misma!, mejor me pongo a la acción como la Salander, enseño el tatuaje y me lío a hosia limpia con la vida, que ya me tiene harta.
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