
Hoy me han contado un chiste que no me ha hecho ninguna gracia. Parece ser que iba un paisano en un seiscientos por la autopista, y escucha en la radio que hay un loco circulando en dirección contraria, mira por la ventana y exclama ¡uno no, hay cientos!.
Mi interlocutor pretendía con eso educar sobre como a veces uno está convencido de que va en la dirección correcta estando equivocado, no hay nada cómo las personas que son capaces de decir la palabra justa en el momento adecuado….¿?.
La vida y las personas no son comparables con la carretera ni con ese chiste, y si lo son sería para poder entender que tiene dos vías, dos sentidos, y que las normas que hay que respetar están en los dos lados del arcén, no sólo en uno, y no tenemos por qué circular todos en la misma dirección que eso a veces es síntoma de borreguismo.
Disentir, tener criterios diferentes y opiniones contrarias es desde mi punto de vista sano, alimenta y hace crecer el espíritu, y la tolerancia tan escasa en estos días, esa tolerancia que como dice Elvira Lindo no es alardear con los colegas de tolerante, que eso es colegueo, y el colegueo desemboca en sectarismo, y el sectarismo arrabata al prójimo hasta su condición de tal.
Y cuando alguien guiado por la buena fe está convencido del error de otro, y desea desinteresadamente hacer algo por su bien, será siempre mejor compartir puntos de vista, explicar, argumentar, razonar y también porqué no ponerse en el lugar del otro y comprender sus razones y circunstancias para decidir, en lugar de compararle con un idiota en un seiscientos, porque la verdad absoluta no existe, ni la mía, ni la de los otros, aunque creamos que podemos convertir nuestras verdades en dogma de fe.
Y yo soy re-atea y una “sindiós”, y por tanto no creo en los dogmas, ni tengo fe, y para mi propio sufrimiento ni siquiera creo en la justicia divina, ni tampoco en la humana. Simplemente he dejado de creer.
Mi interlocutor pretendía con eso educar sobre como a veces uno está convencido de que va en la dirección correcta estando equivocado, no hay nada cómo las personas que son capaces de decir la palabra justa en el momento adecuado….¿?.
La vida y las personas no son comparables con la carretera ni con ese chiste, y si lo son sería para poder entender que tiene dos vías, dos sentidos, y que las normas que hay que respetar están en los dos lados del arcén, no sólo en uno, y no tenemos por qué circular todos en la misma dirección que eso a veces es síntoma de borreguismo.
Disentir, tener criterios diferentes y opiniones contrarias es desde mi punto de vista sano, alimenta y hace crecer el espíritu, y la tolerancia tan escasa en estos días, esa tolerancia que como dice Elvira Lindo no es alardear con los colegas de tolerante, que eso es colegueo, y el colegueo desemboca en sectarismo, y el sectarismo arrabata al prójimo hasta su condición de tal.
Y cuando alguien guiado por la buena fe está convencido del error de otro, y desea desinteresadamente hacer algo por su bien, será siempre mejor compartir puntos de vista, explicar, argumentar, razonar y también porqué no ponerse en el lugar del otro y comprender sus razones y circunstancias para decidir, en lugar de compararle con un idiota en un seiscientos, porque la verdad absoluta no existe, ni la mía, ni la de los otros, aunque creamos que podemos convertir nuestras verdades en dogma de fe.
Y yo soy re-atea y una “sindiós”, y por tanto no creo en los dogmas, ni tengo fe, y para mi propio sufrimiento ni siquiera creo en la justicia divina, ni tampoco en la humana. Simplemente he dejado de creer.
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